Es un hecho, vivimos corriendo, a un ritmo frenético marcado por las prisas y las responsabilidades. El reloj siempre da la mala noticia de ir más rápido de lo que queremos y sentimos que no llegamos a cubrirlo todo. Nuestro cerebro y nuestra psique sufren las consecuencias de un estilo de vida que nos somete a un estado de tensión mantenida…
Estos son los grandes grupos de consecuencias a las que nos exponemos:
1-La bioquímica:
En el caso del cuerpo, la química que representa el estrés, puede llevarnos a que nuestras células enfermen, y dejen de hacer correctamente sus funciones al estar siempre alimentadas de lo que a corto plazo las activa pero a largo plazo las envenena. En el cerebro la posibilidad de un desgaste neuronal asociado a estas cuestiones pone en peligro su funcionamiento y acelera el envejecimiento de nuestras funciones cognitivas.
2- La autocrítica:
3-La somatización:
4-Los despistes:
5-La calidad de vida:
En conclusión, la calidad de vida percibida es baja. Las variables que nos dijeron que conectaban con el bienestar: el poder adquisitivo, la posición social, las compras, tener trabajo…resulta que no cristalizan siempre en un ascenso de la calidad de vida percibida si no en ocasiones en todo lo contrario. Nos chirría que esa búsqueda incesante de la felicidad nos suma en un proceso destructivo que nos aleja del objetivo y solo podemos sentirnos estafados y siempre apunto de estallar.
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