Sea cual sea la problemática vital o psicopatológica que presente una persona, diríamos que siempre resulta básico perseguir el cambio o reconducción en dos grandes ejes:
El cognitivo y el conductual.
Según la corriente, orientación o escuela teórico práctica que recibe precisamente este nombre, cognitivo-conductual, la modificación de la experiencia vital pasaría por una parte de trabajo cognitivo, que abordaría la modificación en el estilo de pensamiento, esquema mental, procesamiento de la información e integración de las experiencias vividas, así como una parte de trabajo conductual, que tiene más que ver con el cambio en comportamientos, actitudes, estilos de respuesta, hábitos, y herramientas de afrontamiento o resolución.
Diríamos pues que los dos grandes ejes del cambio han de pasar por una parte relacionada con cómo pensamos y una parte vinculada al cómo actuamos.
- EL TRABAJO COGNITIVO.
Nuestra mente funciona con una serie de esquemas que vamos conformando en función de nuestro desarrollo interno en interacción con las experiencias biográficas. Aprendemos a pensar a través del análisis de las consecuencias percibidas tras el ensayo y error que supone la experiencia vital completa y compleja a la que todos estamos expuestos desde nuestra llegada al mundo.
El trabajo de la reestructuración cognitiva, nos permite modificar esos esquemas que en ocasiones se configuran erróneos y cuya proyección hacia experiencias futuras puede condicionarnos gravemente. Una restructuración cognitiva buscaría pues modificar nuestro perfil de pensamiento para lograr integrar de forma constructiva y funcional todo lo que vivimos.
Las aproximaciones sucesivas a estímulos que nos despiertan una respuesta compleja, el trabajo sobre los sesgos cognitivos e incluso la desmitificación de ideas implantadas en nuestro estilo de pensamiento, son pilares sobre los que pivota esta importante parte de la intervención psicológica.
- EL TRABAJO CONDUCTUAL.
Generar un estilo de conducta flexible, adaptativo pero sobre todo práctico y sujeto a nuestro criterio de elección favorece una sensación de control básica en la persona. Incorporamos a través del cambio y el trabajo terapéutico la adecuación de nuestras herramientas vitales para dar lugar a reacciones más ajustadas o adecuadas.
Sin duda, en Alba Calleja. Psicóloga el estilo de intervención se gesta sobre los dos grandes ejes del cambio expuestos, lo cual asegura la consecución de logro y la resolución de objetivos que hagan crecer la calidad de vida percibida en las personas.

