Diálogos Internos: EL INDEPENDENTISMO Y LA POLARIZACIÓN GRUPAL

ALTURA POLÍTICA FRENTE A LA POLARIZACIÓN GRUPAL
Por Pablo Feito

Aunque uno mismo intente ir a contracorriente de la rabiosa actualidad, parece en ocasiones inevitable no sucumbir ante ella. Más si cabe si observas cómo se dan fenómenos que rubrican el carácter previsible del ser humano y los grupos que conforma. Esa actualidad con la que te bombardean a día de hoy tiene que ver evidentemente con el referéndum (o el intento del mismo) de Cataluña del próximo domingo.

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De toda esta maraña de informaciones, réplicas y contrarréplicas no pretendo posicionarme ni realizar ningún tipo de análisis político sobre la situación, aquí no estamos para eso, sino para reflexionar sobre algunos mecanismos psicológicos a nivel de grupo.

La Psicología Social suele dar cabida con sus estudios a multitud de hechos que definen al ser humano y a los colectivos que forma. En concreto, el tema de Cataluña viene a encajar en lo que denominamos Polarización Grupal.

Obviamente la Polarización Grupal se da en grupo, por lo que exponer unas breves pinceladas del pensamiento grupal puede resultar interesante. El pensamiento grupal suele caracterizarse por la ilusión de invulnerabilidad (“nada malo nos va a pasar si permanecemos unidos”), la moralidad inherente al grupo no se cuestiona, se invierte mucho más tiempo en justificar aquello que se defiende que en buscar información que lo cuestione

estereotipo compartido del exogrupo (el oponente se suele ver de una manera homogénea), autocensura dentro del propio grupo, ilusión de unanimidad (se tiende a percibir un acuerdo total y uniforme con las ideas del grupo), suele existir una presión directa hacia quienes se opongan a la conformidad grupal y también se observan miembros del grupo que evitan que información negativa entre en el mismo.

Precisamente estos ingredientes que definen el pensamiento de grupo son el caldo de cultivo para su polarización o tendencia hacia el extremo, con el peligro de perder de vista los matices de la realidad en detrimento del pensamiento común. Se da en el proceso de toma de decisiones, el juicio grupal parte de la idea dominante y tiende a su acentuación (su extremo).

En el título de este artículo hago mención a la necesidad de altura política, ausente a mi parecer en el tema catalán (y en tantos otros). Se necesita altura política para diluir los efectos nocivos del pensamiento grupal, que viene a traducirse en fomentar el diálogo intergrupal.

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Por desgracia no observo diálogo, observo políticos que de forma astuta buscan el elemento persecutorio en el otro, el enemigo.

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