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Navidad incómoda. Cuando no sentirte bien en grupo o en familia no significa que tengamos un problema.

En estas fechas a algunas personas les toca vivir compromisos que no siempre les resultan agradables. Hablamos de reuniones familiares, sociales, de trabajo… situaciones que nos pueden generar muchísima incomodidad, en las que no siempre nos logramos ubicar o simplemente en las que no nos sentimos bien.

¿Feliz Navidad?. Vamos a buscar, como siempre, alivio en entender.

La realidad a la que nos exponen estas fechas nos da miedo. Miedo a no replicar lo que debería/deberíamos ser. Tendría que tener muchos amigos, debería estar a gusto con mi familia, debería sentirme querido. ¿Y si no hacerlo no representa patología alguna? A veces la soledad no esconde ningún recoveco oscuro, ningún error de cálculo, ningún problema en las relaciones humanas, ni ningún fracaso. A veces simplemente se trata de mala suerte. De que hayamos perdido miembros importantes de nuestra familia que haya dañado los códigos de afecto del grupo para siempre. Que nuestra familia nunca lograra realmente desarrollar lazos afectivos sanos, siguiendo una cadena que se remonta a generaciones pasadas. Que nuestro grupo de amistades haya evolucionado en una dirección que ya no tiene que ver con nosotros, y que nos de miedo hacer frente a esa realidad y quedarnos solos porque nos han contado que la soledad es un fracaso inasumible. Que los del trabajo sean un grupo de personas a las que solo me une una actividad común que ni siquiera nos gusta demasiado a ninguno. Que el reparto de roles en alguno de estos ambientes me haya colocado en una posición ingrata, como receptor de comentarios, etiquetas o bromas de dudosa gracia… (recuerda siempre que reparto de roles ya es más fuerte que la espontaneidad de las situaciones en sí. Eres el guay, el soso… y ya pase lo que pase y hagas lo que hagas, tu conducta y tú no vais a ser vistos con otros ojos más que aquellos que buscan confirmar el rol inicial).

No estar a gusto en grupo puede no tener que ver mucho contigo, y por lo tanto puede no ser resuelto a través de la autoexigencia, la autocrítica y la culpa. Quizá no se trate de ti.

Debes saber, que el comportamiento de las personas en grupo es algo fascinante. Porque se rige por normas distintas y a veces opuestas a las que constituyen el comportamiento individual. Y eso da lugar a particularidades curiosas y también sufridas por muchos. Se polarizan los rasgos de personalidad y comportamiento, y el graciosillo se vuelve más impertinente que nunca. O el que me trataba bien cambia si se junta con el de al lado… Observa, busca entender las dinámicas que subyacen a cada gesto, estudia el por qué en el otro y no directamente acudas al cruel “qué habré hecho yo mal”. Hay que intentar evitar que la incomodidad lo llene todo en nuestra cabeza y nos impida pensar, ver y a veces, incluso, disfrutar del espectáculo que tenemos enfrente.

Por otra parte, a veces las personas simplemente no nos entendemos, y por mucho que se fuerce, puede que no hablemos de lo mismo, en los mismos códigos, con referencias comunes y que prácticamente ni siquiera parezca que nos comunicamos en el mismo idioma. Eso no siempre es culpa de nadie, ni de la falta de esfuerzo por las partes. Puede que nuestras realidades vitales estén tan lejos que prácticamente nos resulte imposible encontrar un hilo del que tirar para encontrarnos. También es común que alguna situación pasada haya abierto una grieta entre nosotros que desde luego no se cura forzando situaciones (ni cenas de Navidad). O que en la familia o el grupo correspondiente, no haya comunicación o la que haya sea sesgada y dañina.

En fin, no olvides que estas dinámicas rectoras a veces son más fuertes que los intentos de modificarlas y que el alivio puede estar en entender a las personas, sus comportamientos, los motores de influencia que nos mueven…No es que todos seamos malos, es que a veces no sabemos controlar todo lo que nos lleva en una u otra dirección…

Tampoco olvides que sí, somos animales sociales, pero también necesitamos cultivar nuestra individualidad o protegerla del daño que el comportamiento grupal puede hacernos en lo más hondo de nuestro ser (vaya por delante que otras veces es todo lo contrario, pero que hoy hemos hablando de la versión negativa). Y puede que cuando desarrolles una relación sana con la soledad, también se desbloquee la alternativa de poder elegir dejar de asistir o soportar situaciones dolorosas…

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Alba Calleja. Psicóloga.

635961102

albacallejapsicologa.com

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