Autoestima y ego: ¿mejor exceso o defecto?

En psicología, la mayor parte de problemáticas o psicopatologías tienen, en su versión más simple, más que ver con cuestiones cuantitativas que cualitativas. Es decir, cuando hablamos de depresión, hablamos de una tristeza a lo grande, cuando hablamos de ansiedad, hablamos de unos nervios que se descontrolan o cuando hablamos de un trastorno obsesivo-compulsivo hablamos de la necesidad incontrolable de llevar a cabo rituales de orden y comprobación que a todos en menor medida nos satisfacen y nos hacen sentir bien. En piromanía la fascinación por el fuego se dispara y en las fobias los miedos nos dominan.

Esto hace que una de las cuestiones más importantes a cuidar en nuestra salud mental resida en la noble cuestión de la cantidad que tenemos de todo lo que nos ocurre por dentro. De esta forma, y en muchos casos, el equilibrio no tendría tanto que ver con hacer desaparecer determinadas respuestas mentales o conductuales, si no en encontrar la medida justa en la que deben estar presentes en nuestra psique. No se trata de no estar triste, si no de que haya la cantidad exacta de melancolía en nuestra existencia.

En este sentido, esta idea es aplicable también al grado de autoestima, o cantidad de ego que cada persona cultiva en su yo. Y tan problemático puede resultar pasarse como quedarse corto.

Hoy vamos a hacer un repaso de algunos ejemplos de las psicopatologías más curiosas que pueden ser resultado de que, en cuestión de ego, nos quedemos cortos o nos pasemos.

¿A qué nos puede llevar un exceso de ego?:

1. Trastorno de la personalidad narcisista.

Esta patología se caracteriza por un sentido exagerado de egocentrismo y una preocupación extrema por sí mismo. La falta de empatía por otras personas acompaña en esta problemática que más de uno habrá detectado en personas que le rodean…

2. Psicopatía.

Las personas egocéntricas demuestran poca empatía y dificultades para ponerse en el lugar de los demás, pero no siempre hay un interés en instrumentalizar a otros para conseguir su objetivo. Los psicópatas, sin embargo, son capaces de casi cualquier cosa por la consecución de sus objetivos. No tienen límites a la hora de alimentar su ego intentando conseguir todo lo que se proponen sea cual sea el precio y las personas a las que tengan que utilizar como simple pasarela al logro.

3. Adicción al juego.

La ilusión de invulnerabilidad o el hecho de creer que su conocimiento sobre el juego y sus capacidades mentales le harán inevitable ganador, es algo frecuente en personas con exceso de ego. La falsa sensación de control o la sobrevaloración de su inteligencia les hacen entrar en un bucle en ocasiones muy problemático. Además, la descarga de adrenalina les mantiene satisfechos y enganchados a este mundo.

4. Problemas en las relaciones sociales.

La manipulación, el engaño, las mentiras… pueden hacer que estas personas tiendan a buscar y construir relaciones asimétricas en las que se coloquen en una posición superior y terminen por generar desprecio hacia aquellos a quienes consideran por debajo. En cualquier caso, tampoco es extraño que las personas demasiado egocéntricas creen a veces relaciones de admiración hacia algún individuo al que convierten en referente.

5. Otros.

A nivel comportamental, también se dan conductas de tipo violento, impulsivo, vehemencia verbal… siempre relacionadas con la gran autoestima de la que parten y que a veces les hacen creer invencibles y les mantienen conectados con la búsqueda incesante por la sensación de ganar para confirmar su poder.

¿Y qué pasa cuando el ego está por defecto?:

1. Adicciones.

En ocasiones la incursión en el mundo del consumo tiene su entrada en la búsqueda de aceptación por parte de los otros y la facilitación del trato cuando nuestro cerebro, alterado por el efecto de las sustancias, se siente más capaz de relacionarse.

2. Dependencia emocional.

La falta de autoestima lleva a muchas personas a mantener en su vida la presencia de relaciones verdaderamente tóxicas o problemáticas con el fin de mantenerse vinculados a alguien que sienten la única persona que puede quererles. Pagarán cualquier precio por no perderle.

3. Deseabilidad social o afán de agrado.

Las relaciones humanas se vuelven muy difíciles para las personas con falta de ego. El profundo temor al rechazo, al juicio externo, a meter la pata o a no interactuar de forma adecuada, les lleva a buscar agradar constantemente, a decir y hacer lo que creen que puede gustar. A veces, incluso, llegan a evitar las relaciones de forma definitiva en un cuadro de fobia social.

4. Trastornos de la alimentación.

La autocrítica constante y la búsqueda de control sobre algo, configuran la fórmula más peligrosa a la hora de desarrollar problemas en la conducta alimentaria.

5. Depresión.

El ánimo bajo suele ser el punto de partida y llegada para aquellos cuyo ego se encuentra por los suelos…

Recuerda, busca la cantidad perfecta en la relación con tu autoestima, alimenta tu ego en la dosis justa, sé equilibrado contigo y con los demás. Pues ahí reside la verdadera dificultad, el verdadero éxito.

Alba Calleja. Psicóloga.

635.961.102  albacallejapsicologa.com

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