¿Por qué un psicólogo no puede atender a familiares o amigos?

En psicología, uno de los dilemas éticos vividos con mayor frecuencia tiene que ver con la recepción de casos de personas conocidas. Puede ocurrir que a veces surja el conflicto de si atender o no a personas que forman parte de nuestra vida o con las que tenemos algún tipo de vínculo sea de tipo social, sentimental, familiar… A estas relaciones se les llama relaciones duales y a pesar de que el profesional conoce cómo funciona la mente humana, no sería posible desarrollar una terapia o un proceso de intervención con la persona de forma completa, plena y eficaz por las razones que vamos a estudiar hoy.

-Sesgo de partida.

Al tener datos de esa persona, previos a la evaluación, nuestro cerebro no parte del lienzo en blanco que necesitamos para hacer un correcto estudio del caso, el paciente, sus circunstancias y su mundo interno, incurriendo en el tedioso trabajo y a veces imposible labor de separar nuestras impresiones anteriores y datos previos de aquellos que recabamos en la limpieza de la investigación psicológica. Y así es imposible que pinte bien…

-Lazos emocionales.

Cuando quieres a alguien, no puedes evitar que las emociones influyan y determinen la forma de relacionarse con esa persona. Se pierde por completo la objetividad y la capacidad de orientar desde la practicidad, e inevitablemente se establecen medidas de protección y cuidado a veces verdaderamente contraproducentes en terapia.

De esta forma, los lazos que nos unen a las personas restan imparcialidad al proceso de intervención y alejan de la eficacia necesaria a la terapia y a las instrucciones del trabajo de cambio.

-Alejarse para acercarse.

El rol de referencia, autoridad y fiabilidad de la figura y discurso del profesional de la psicología se pierde si cuestiones demasiado personales se añaden a la ecuación del trato.

Conseguir la separación profesional justa, permite establecer la intimidad necesaria como para ahondar en las complejidades de la persona sin poner en peligro el proceso por cuestiones subjetivas. Alejarse de forma ajustada permite acercarse de forma efectiva.

-Sesgo en el trato.

Es difícil separar lo que vivimos dentro de las sesiones de consulta con respecto a otros escenarios personales.  Dentro y fuera de consulta, el trato quedará influido por lo vivido. De tal forma que la manera de interactuar puede adquirir un matiz artificial insalvable que destruya la fluidez y la naturalidad de la relación en ambas situaciones.

De esta manera, lo que sabemos a partir de las sesiones puede modificar o influirnos en el trato a la persona en otros contexto de naturaleza personal y viceversa, haciendo imposible la separación estanca de ambos ambientes. La incompatibilidad de las relaciones duales con la intervención psicológica es innegable…

-Protección de datos.

Uno de los elementos más importantes a cuidar en todo proceso psicológico tiene que ver con la protección de datos y la confidencialidad con la que deben ser tratadas las informaciones que son compartidas con el terapeuta.

Nuestra responsabilidad, tanto ética como legal, es cuidar de cada dato que recibimos garantizando una no transmisión a nadie externo al proceso. Sin embargo, cuando existe alguna conexión extra terapéutica, se diluye la barrera de seguridad que funciona como base de partida para la apertura emocional y de contenidos tan necesaria en la intervención. Y a pesar de mantener la confidencialidad, la incomodidad y sensación de merma en la intimidad, hace vulnerable a cada una de las partes y destruye la libertad y tranquilidad con la que se viven las sesiones, en las que sentirse seguro es el valor más terapéutico con el que contamos.

-Código Deontológico.

Artículo 29: «Del mismo modo, no se prestará a situaciones confusas en las que su papel y función sean equívocos o ambiguos» (COP, 1987).

Varios artículos del Código Deontológico que rige y modula la actividad profesional del psicólogo recogen máximas que hacen incompatible nuestra labor en su aplicación a contextos en los que las relaciones duales diluyan las barreras o límites profesionales necesarios para garantizar una buena praxis. Eso minimiza del todo el debate y condena al no la resolución final de la duda.

Sin embargo todas estas cuestiones, no solo son aplicables a la particularidad de las relaciones terapéuticas o ambientes de trabajo psicológico. Piensa en estos puntos aplicados a un ginecólogo atendiendo las ets de su vecino, o a un policía en la cena de nochebuena frente a su cuñado al que detuvo hace un mes…

Al final, mantener cierta distancia nos facilita a todos hacer mejor nuestro trabajo.

Alba Calleja. Psicóloga.

635.961.102  albacallejapsicologa.com

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