Encontrarse bien para concentrarse mejor.

Siempre estamos haciendo cosas, generalmente apresurados y desde luego teniendo que aprovechar cada minuto de nuestro tiempo al máximo. Nuestro estado físico pero sobre todo mental, ocupará una parte muy importante dentro de nuestra relación con la productividad. Por ello tener un correcto conocimiento sobre cómo nos encontramos y a qué tenemos que estar atentos, nos asegurará en gran medida el rendimiento deseado.

Estados mentales.

Siguiendo una perspectiva de clasificación neurofuncional, podemos distinguir dos tipos de fenómenos mentales que debemos conocer. En primer lugar se encuentran aquellos gestionados por el sujeto, de naturaleza voluntaria y estado consciente, que corresponden a lo llamado “actividad mental de la persona”. La naturaleza intencional de las acciones englobadas en esta parte de los procesos mentales está determinada por los objetivos presentes y futuros que nos mueven. Es decir, qué queremos hacer y qué queremos conseguir.

En segundo lugar encontraríamos los fenómenos de carácter automático, gestados por la mente de manera espontánea e involuntaria y denominados en su conjunto como “actividad mental dirigida por el cerebro”. Estos fenómenos son de carácter reactivo y están condicionados por el cúmulo de episodios vitales anteriormente vividos por la persona y procesados en su psique. Esto sería el poso mental que nos acompaña en cada momento.

Diríamos entonces, que el estado mental propicio para la concentración es aquel que equilibra la actividad mental controlada por el sujeto y la actividad dirigida por el cerebro dando paso a un estado de rendimiento en el que haya objetivos claros y poco peso mental por debajo.

Las distracciones.

Particularidades como la intrusión de distracciones y la oscilación interna, pueden surgir como perturbaciones comunes a lo largo del proceso de concentración. La clave evidente, reside en apartar la atención de aquellas cuestiones que, dentro de nuestra actividad mental, nos distraigan y puedan interferir en el correcto devenir de nuestro trabajo.

Por lo tanto asumimos la normal ocurrencia de esas distracciones, pausas, lapsus… a lo largo del proceso de concentración y la guerra para que no se hagan con demasiado espacio en nuestro proceso mental. Pero además de esto, la relación que establecemos con ello es otra clave importante. La aceptación y no rechazo de esta parte de la actividad mental es la estrategia más efectiva una vez dada la aparición de esas indeseadas distracciones. De esta forma evitaremos además los estados de frustración y enfado que resultan un freno a la hora de reincorporarse al desarrollo normal de la actividad. Se trata de huir de los estados emocionales que puedan alterar nuestra capacidad para volver a la tarea.

Estado mental…y estado físico.

Entendiendo cuerpo y mente como dimensión continua, la potenciación y uso de los mecanismos de autorregulación relacionados con los procesos mentales y fisiológicos y la neutralización de experiencias que supongan un malestar para la persona, respresentan una base importante de la que partir y a la que atender. Esto es intentar apagar ciertos fuegos antes de ponernos a desarrollar tareas, tener necesidades físicas cubiertas como hambre y sueño… Realmente los estados de homeostasis y la autorregulación se consideran  precisamente como las claves del buen funcionamiento humano.

Alba Calleja. Psicóloga

albacallejapsicologa.com

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *