Hoy vamos a hablar de adicciones. Unas nociones básicas para entender un mundo complejo que afecta a muchas personas y familias.
Empecemos por el principio, sabemos que en realidad existen dos grandes grupos bajo los que clasificar las adicciones.
Adicciones químicas y comportamentales.
En primer lugar, podemos encontrar las adicciones químicas, las que todos conocemos comúnmente, y que son aquellas que conllevan el consumo de sustancias como el alcohol, la cocaína, la heroína, la marihuana…
Pero por otra parte están las adicciones comportamentales, cada vez más comunes y que localizan el foco de dependencia en la realización de conductas placenteras para el sujeto como el juego, las relaciones sentimentales, dependencias interpersonales, el sexo, las compras y el trabajo por ejemplo.
En este sentido diríamos que las adicciones comportamentales son trastornos de dependencia vinculados al desarrollo de actividades no relacionadas con la ingestión de sustancias químicas pero en ocasiones igual o más influyentes y destructivas. Este tipo de adicciones son más difíciles de entender para muchas personas incluso de reconocer para quienes las padecen. La atención recibida por parte de las adicciones comportamentales en los últimos tiempos ha experimentado un gran aumento ,pues las personalidades se muestran cada vez con una tendencia más adictiva, nos cuesta relacionarnos de forma equilibrada con los estímulos que componen nuestro mundo y las adicciones clásicas han tenido que dar paso al estudio de otras más recientes que se suman a la lista y que están relacionadas con los avances tecnológicos por ejemplo. Se da lugar así a una ola de nuevas adicciones como la adicción a Internet, a los videojuegos, a los teléfonos móviles…
Pero para entender realmente las adicciones, hay que conocer los conceptos de dependencia, tolerancia y el llamado síndrome de abstinencia. Entendiéndolos quizá podamos revisar si nos está ocurriendo. Por lo común estos conceptos comenzaron siendo estudiados en el uso de sustancias, pero de hecho pueden ser reconocidos perfectamente en el caso de las adicciones comportamentales. Al fin y al cabo, una adicción no deja de ser una pérdida de control sobre el consumo de algo, un aumento progresivo de su presencia y necesidad sea cual sea el foco adictivo, que acaba por secuestrar toda la vida del sujeto generando un deterioro significativo y de difícil pero no imposible remisión.
Dependencia.
La dependencia comprende una serie de síntomas cognoscitivos, comportamentales o fisiológicos que evidencian la pérdida de control de la persona sobre el foco de la adicción. La dependencia en su vertiente psicológica implica un impulso o deseo imperioso de llevar a cabo el comportamiento en cuestión, esto es conocido como craving.
La dependencia física, fruto del mantenimiento del consumo o de la consecución de refuerzos a través del comportamiento adictivo, y que conlleva la alteración neurobiológica del circuito de recompensa, evoluciona en un estado de adaptación del organismo que requerirá el progresivo aumento de la conducta adictiva para la consecución del mismo grado de placer (fenómeno de tolerancia). Esto se manifiesta en la aparición de una serie de síntomas cuando se interrumpe el consumo o el comportamiento dado (síndrome de abstinencia).
Tolerancia.
Tal y como venimos planteando, una conducta adictiva mantenida en el tiempo, generará en la persona ejecutora un nivel de tolerancia que no es otra cosa que la necesidad de recurrir a cantidades progresivas y crecientes del comportamiento para conseguir el efecto deseado. Puede que no nos demos cuenta de que lo que antes era una caña ahora son tres o lo que antes era consultar un rato el móvil ahora se convierte en horas.
Abstinencia.
El síndrome de abstinencia aparece cuando los sujetos dejan de poder llevar a cabo su adicción, y podría entenderse como la revelación de la dependencia a esa conducta. Este síndrome conlleva una serie de síntomas físicos y psicológicos como la irritación del sujeto, su inquietud, angustia, manifestación de ansiedad con pensamientos inútiles, culpabilidad, y malestar. En muchos casos funciona como factor de mantenimiento y también como factor predisponente a las recaídas, al pretender la persona que volviendo a ejecutar los comportamientos adictivos, desaparezca el cuadro de malestar generado a su interrupción.
¿Reconoces en ti o en otros este problema?