¿Por qué ahora damos menos altas que antes?

Nuestro trabajo cambia por épocas. El impacto que causa en las personas su contexto social modifica también lo que ocurre en consulta. Es decir, la intervención psicológica está directamente ligada a los cambios sociales, a la situación general de la población, y esto da marco y condiciona las problemáticas de cada individuo.

Esta temporada los tratamientos se alargan más, las dolencias permanecen en estado agudo más tiempo, las personas están más cansadas. En resumen, nos está costando un poco más salir adelante y regularnos ante un ambiente que rara vez nos da tregua. Vamos a ver algunos de los cambios que nos estamos encontrando en terapia.

La cronificación de los problemas.

Llegan a consulta problemáticas más enquistadas. A menudo el paso del tiempo, la inercia, ver si se soluciona solo, suelen ser alguna de las primeras opciones por las que la gente apuesta a la hora de abordar malestares psicólogos. Eso y el difícil acceso que hay a recursos de intervención de calidad, está provocando que las personas vivan a veces un agravamiento de sus problemáticas por tardar demasiado en darles un abordaje terapéutico. Vamos, que se nos hace bola y cuando nos ponemos con ella, nos cuesta mucho más deshacerla. Los problemas de salud mental de algunas personas tienden a la cronificación con el paso del tiempo, como los catarros mal curados o el dolor de espalda ignorado.

Seguimientos más frecuentes.

Antes las intervenciones tendían más a desarrollarse alrededor de una problemática concreta, que una vez detectada, evaluada e intervenida correctamente, daba lugar a un reajuste en la realidad interna y externa del paciente y a un final natural del recurso psicológico en su vida. Ahora los frentes se solapan y cuando estamos abordando uno, nos están surgiendo otros tantos a la vez, de forma que la sensación de equilibrio y la realidad de bienestar psicológico dura menos, está más amenazada por el surgimiento de otras problemáticas, y obliga al paciente a trabajar de forma más permanente. Lo que antes eran seguimientos anuales, o a demanda, ya se convierten en seguimientos cada menos tiempo o en revisiones de problemáticas nuevas de lo más impredecibles.

Cambio en los cuadros clínicos.

Los cuadros sintomatológicos que presentan los pacientes ahora tienden más a la ansiedad en todas sus versiones, a la hipocondría, a las respuestas emocionales desajustadas, al pensamiento anticipatorio y la necesidad de control, a la alteración física y mental constante, al miedo… Antes, la depresión o los desajustes en el estado anímico solían ser las realidades más frecuentes en consulta. Hemos mutado en seres constantemente en alerta.

Menos patología grave y más problemática de la vida cotidiana.

Ahora bien, las problemáticas intrínsecas, es decir aquellas que nacen de desajustes internos o se originan en el interior del paciente están derivando en problemáticas externas que impactan de manera negativa sobre todo el sistema mental y vital de las personas. Los problemas están cambiando de dentro a fuera a de fuera a dentro.

Más inestabilidad en la relación con las citas y el tratamiento. 

Por último, algo muy diferente, es la relación que adquieren las personas con el recurso. Se da mucha más inestabilidad en la relación con las citas y el tratamiento. Los cambios en la agenda son mucho más frecuentes, y esto no siempre habla de falta de implicación o de falta de interés por parte del paciente, si no de personas agotadas de encajar numerosas piezas, fechas y frentes en sus vidas, y que con más pesar que osadía están sujetos a constantes cambios en su calendario (perdiendo por cierto la sensación de control sobre sus vidas constantemente). También es cierto que la impaciencia con la que algunas personas abordan ahora sus tratamientos es algo nuevo y suele ser de hecho un frente a abordar desde el principio de la intervención. Cansados y extenuados, solo queremos solucionar cosas. En definitiva, algo está cambiando.

Alba Calleja. Psicóloga

albacallejapsicologa.com

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