¿Por qué ir al psicólogo teniendo buenos amigos?

Quizá lo primero sea recordar que un problema se vuelve susceptible de intervención cuando la persona que lo padece comienza  a sufrir un deterioro en la calidad de su vida por ello. El problema en cuestión alcanza esa categoría cuando interfiere en la vida de la persona de manera notable e inevitable.

En este sentido puede no bastar la bien intencionada ayuda que muchas personas que nos quieren, nos hacen llegar. La compañía, la comprensión y el consuelo son elementos terapéuticos que ayudan sin duda muchísimo a recuperarnos, pero que también resultan insuficientes a la hora de abordar un problema vital que va más allá del malestar general. Se necesitan orientaciones profesionales, que basadas en el conocimiento, la formación y la técnica, nos conduzcan hacia la capacidad de gestión y resolución de nuestros conflictos de manera verdaderamente sólida.

El abordaje por lo tanto ha de resultar siempre más profesional que emocional y en este sentido encontrar un espacio terapéutico en el que trabajar, crecer y hacer ese recorrido hacia el cambio se vuelve más que necesario.

1. Cuando las buenas intenciones no bastan.

Cuando nos encontramos mal, muchas veces acudimos a las personas que nos quieren para hallar cobijo en sus palabras y compañía en su cariño, pero muchos problemas que pueden estar dañando nuestra vida, requieren de algo más para llegar a ser manejados de la manera correcta y psicológicamente más equilibrada.

Además, responsabilizarse del bienestar de aquel a quien queremos puede llevarnos a cargar con sus problemas, hacerlos nuestros, e interiorizarlos como manera de acompañar en el malestar a la persona, algo que multiplica el dolor en vez de dividirlo y que resulta menos práctico de lo que debería…

De esta forma, podemos confirmar que las buenas intenciones no bastan y pueden dañar a ambas partes…

2. La subjetividad del cariño.

Desde el cariño nos volvemos subjetivos, no podemos evitarlo. Victimizamos a quien queremos, culpabilizamos a quien le hace daño, y sentimos la fuerza de la injusticia y la venganza ante su dolor.  Pero esto no siempre representa la realidad objetiva o descriptiva de las situaciones, ni nos acerca a un análisis limpio, al que conviene acudir a la hora de elaborar de verdad las herramientas de afrontamiento y el enfoque de gestión.

Dar la razón, parte más del amor que de la realidad y a veces puede resultar contraproducente movernos en estos términos, pues al final, podemos alejar o alejarnos del verdadero trabajo de corrección, autocrítica y autoestudio que en ocasiones requiere el abordaje de nuestros problemas.

Incluso puede ocurrirnos al contrario, y frustrarnos demasiado al ver que aquel a quien queremos no hace las cosas como nos gustaría o sabemos que serían buenas para él. Sea cual sea el caso, querer nos aleja de hacerlo bien y de ayudar de la forma correcta en muchos casos.

3. La escucha activa.

No hay duda, poder desahogarse es algo que algunas personas necesitan para sentirse mejor. En este sentido contar con personas que nos escuchan es algo necesario pero de nuevo insuficiente. Incluso la escucha es un arte complejo, que requiere de conocimientos para hallar el equilibrio perfecto entre el desahogo y alejar a la persona del regodeo. No es fácil saber cuándo pasamos de compartir a contagiar, o cuando nos alejamos del valor de contar y nos acercamos a la deformación que adquiere lo reiterativo. No es fácil, escuchar es bueno pero no es suficiente.

4. Consejos vs. Orientaciones.

Conviene determinar y aceptar que hay una diferencia marcadamente notable entre aconsejar y orientar. Diríamos que en el primero de los casos solemos construir los consejos a partir de nuestras creencias, y cuando orientamos, más bien nos movemos desde la técnica e intentando conectar con las del otro, elaborar la orientación en el sistema propio de la persona, y no con el nuestro como referencia. Esto aleja los consejos de las orientaciones, y vuelve a estas últimas ciertamente algo más complejo de lo que parece…

5. Esto es y tiene ciencia…

La psicología es una ciencia, una ciencia que estudia el comportamiento, el funcionamiento de la mente, la interrelación biológica con agentes externos, los mecanismos sociales, la relación entre las personas, el porqué de sus conductas… demasiado como para reducirlo a la lógica y al sentido común. Demasiado como para simplificarlo en frases hechas o palabras de ánimo.

Dejarse ayudar por un buen profesional es algo valiente y siempre es una buena decisión que nos lleva a conocer cómo funcionamos realmente y qué podemos hacer con nuestra materia prima.

Alba Calleja. Psicóloga.
635.961.102
albacallejapsicologa.com

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