Destruyendo los mitos que te contaron sobre las relaciones de pareja.

Nos han contado tanto acerca del amor romántico… y esto nos ha influido directamente en nuestra forma de establecer y entender las relaciones de pareja. A la hora de tener una relación, nos pesa sobre los hombros un mundo entero de expectativas inalcanzables y de lejanía a la verdadera naturaleza humana. Lo que tendría que ser. Es hora de actualizar nuestras ideas sobre la pareja, y sobre todo de ajustar las relaciones a nuestra realidad.

Crear y defender nuestras reglas puede salvarnos a nosotros y a nuestra relación, pero también puede suponernos un verdadero conflicto si no estamos preparados para saltar por encima de las ajadas normas sociales que aún resuenan debajo de nuestra cama…

Desmitificar la idea de matrimonio, unión, pareja…

Una de las primeras cosas que nos contaron es que la vida era mejor en pareja. Que la manera más equilibrada y completa de vivir nuestra existencia era a través de ese formato. Pero eso no es verdad, hay muchas personas que solo por mantener una relación y encajar en ese dogma, soportan una verdadera merma de su calidad de vida y se apartan de lo que realmente supondría recorrer su vida de forma equilibrada. Así que lo primero que debemos saber, es que tener pareja solo es una opción más y que para muchos incluso, por su propia naturaleza, no es ni siquiera la opción más adecuada.

La felicidad del otro no es mi responsabilidad.

En una relación, ambas personas deben tener un compromiso de autocuidado que exima al otro de cargar con sus mecanismos de regulación.

Decía Will Smith en una de sus entrevistas hablando sobre su relación de pareja:

“Ella debe ser feliz y yo debo ser feliz, cada uno por su propia cuenta…luego podemos estar juntos y compartir nuestra felicidad. Darle a alguien la responsabilidad de que te haga feliz cuando tú no puedes hacerlo por ti mismo es egoísta” Egoísta… e imposible.

No somos iguales.

Aunque os hayáis elegido en un momento de vuestras vidas, eso no quiere decir que vuestras mentes o vuestro mundo interno sean tan siquiera similares o evolucionen en paralelo. Eso hace que las relaciones vayan pasando por etapas diferentes en las que, en ocasiones, te une más a tu compañero el formato vital creado que la conexión de base de la que partimos. Ahí está el reto y la frustración a veces, se trata de adaptarse a esos cambios desmitificando la idea del amor romántico como único eje de unión y defendiendo el sentido de equipo en otros términos.

Existen más tipos de relación.

Existen muchos tipos de relaciones. Y no solo las buenas y las malas. A menudo entendemos las relaciones de pareja como aquellas de tipo monógamo en el que dos personas se unen para los restos. Pero hay más maneras de entender los vínculos, y muchas personas encuentran en formatos de relaciones abiertas o poliamorosas, la manera más adecuada de vivir su plano emocional y sentimental. No existiría tal porcentaje de infidelidad en las relaciones, si no hubiera una parte de nosotros en la que no es del todo natural establecer una renuncia tan definitiva y restrictiva a tener otras parejas. Solo hay que echar un vistazo a la historia y a otras culturas para ver maneras de relacionarse que superan al matrimonio monógamo como único referente o lo relegan a una estructura más política que emocional.

Hacer cosas juntos, a veces.

Necesitamos intermitencias, el cerebro se satura si se encuentra constantemente expuesto al mismo estímulo, y en este sentido nuestra pareja es solo eso, otro estímulo más. Conviene superar la idea de que una buena pareja lo hace todo junta, y que el tiempo se disfruta mejor si es con el otro. No es siempre cierto, necesitamos descansos, momentos de disfrute en solitario y no pasa nada, siendo en ocasiones ese oxígeno la verdadera fuente de salud y bienestar para la relación.

Si no siempre me quiero a mí mismo, cómo voy a quererte siempre a ti.

Si a veces no nos aguatamos ni a nosotros mismos, solo es cuestión de generalización entender que esto nos ocurra con todo lo demás y con todos los demás. Nuestro ánimo es oscilante y nuestro estado varía. No pasa nada siempre que a estos momentos no les acompañe una lectura dramática que nos haga cuestionarnos la relación entendiendo esto como algo raro.

Invertir en el otro.

Algunas habilidades vienen de serie y requieren de poco tiempo y esfuerzo para desarrollarse con éxito en las personas. La mayoría de las veces eso no pasa, y si queremos que algo salga bien, el camino fácil es el menos probable a recorrer. En este sentido, invertir en el otro requiere de interés, mimo, esfuerzo, tiempo y trabajo, y paciencia.

Si decidimos tener una relación y vivir dentro de este formato, debemos cuidar ese espacio y estudiar mucho a nuestro compañero. Tenemos muy claro que debemos conocernos a nosotros mismos para ser felices, pero invertir en el estudio del otro nos ayuda a descifrar sus códigos y a ver más allá de sus reacciones.

Lo más peligroso es incurrir en el error de aplicar nuestra lógica al otro, pues a menudo la generalización de nuestro sistema de ideas a cualquier otra persona que no seamos nosotros mismos, nos vuelve necios, rígidos y unos terribles compañeros en una relación. No es tu lógica lo que tienes que conocer, es la suya para entenderle.

No olvides el sentido real de una relación…

A veces nos queremos a veces no. El secreto no está ahí. A veces nos caemos bien y nos admiramos, y a veces no. Tampoco esa es la clave. A veces opinamos lo mismo a veces no. A veces hacemos cosas juntos, a veces no…

Si el sentido de la relación no está en todo lo que nos contaron que tenía que darse para que fuéramos felices juntos, solo nos queda rendirnos a la versión más simple, a la evidencia más sencilla y entender las parejas como un equipo, somos compañeros. Un formato de vida en común ni mejor ni peor que el que transita su camino de otra forma. Nada más. Y nada menos.

Alba Calleja. Psicóloga.
635.961.102
albacallejapsicologa.com

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