ALBA.
Ella, la destinataria de este relato posee un don innato, una especie de
hechizo mágico te atrapa cuando pasas por sus manos,
con su varita invisible sacude pequeños toquecitos de cariño a nuestros pensamientos
para que despierten sin muchos sobresaltos,
a algunos de ellos nos enseña a acunarlos y nunca para después dejaros,
a otros, en cambio, nos incita a desecharlos como el veneno más letal
que jamás hemos de inyectarnos.
Porque, Alba, es la más fiel consejera donde siempre nuestros miedos
hallarán reclamo, nuestras inquietudes un techo donde cobijarse
remendado de palabras llenas de ánimo, y nuestras emociones un espejo
al que mirarse de frente sin ningún tipo de reflejo distorsionado.
Alba, evoca nuevos comienzos espolvoreados de dosis de entusiasmo,
de ganas de comerse el mundo saboreando cada pequeño bocado,
de atreverse a dar siempre un paso más mirando de no resbalarse entre salto y
salto, a querernos sin tapujos ni barreras ensalzando nuestra identidad
por todo lo alto, a capotear las rachas adversas que en esta travesía
llamada vida se crucen atrincherándonos el paso, y. especialmente, ella,
Alba, nos brinda la llave que abre la puerta de nuestra mente a un sin fin
de cosas positivas que a bocajarro pugnaban por entrar,
ella es entrega absoluta de lealtad incondicional,
es un suspiro profundo que expresa serenidad.
Alba, es como mirar el mar en calma y saber que una ola feroz
nunca te atrapará porque con ella a salvo estarás.
Muchas gracias, Alba, por ser alguien tan especial, por tu sonrisa infinita
que es la mejor medicina para el alma sanar, por tu dedicación total hacia
mi persona para de alegría verme brotar, por tu mirada pura y sincera
que en mi retina grabada para la eternidad quedará, por tus ganas
siempre conmigo que me hicieron darme cuenta lo que es quererse de
verdad, y gracias infinitas por dejarme pasar horas a tu lado colmándote
de retahílas de historias que para un libro tendrías publicar.
Alba, eres la psicóloga más molona que tuve la suerte de encontrar, desbordas pasión
por tú trabajo que salpica de mimos verdaderos a los que como yo la
fortuna tuvimos de poderte disfrutar.
Dicen que hay seres de luz que se aparecen en la oscuridad, tú eres como
una luciérnaga que alumbra nuestro camino guiándonos hasta la salida
encontrar, nos enseñas a ratitos descansar, a nunca perder la esperanza y
transformarnos en personas deseosas de que nuestros sueños con tesón
se cumplirán.
Alba, eres mi más bonita casualidad y nunca te voy a olvidar.
Te echaré de menos, pero sonreiré porque sabré que otras vidas a
tu lado a buen recaudo estarán.
Autor: Silvia Santiago Rodríguez.