7 MITOS SOBRE EL SUICIDIO.

El día 10 de septiembre se celebró el Día Mundial para la Prevención del Suicidio. Es curioso, comenzamos a hablar sobre ello y a divulgar información de interés para llegar a conocer mejor el tema y prevenirlo, cuando simultáneamente aún se oculta todo lo que tiene que ver con esta realidad tan desgraciadamente frecuente.

En psicología, como nos ocurre al respecto de muchos otros temas del comportamiento humano, ya hay mucho camino recorrido y estudiado sobre ello, pero aún resultan más poderosas las reglas de silencio que lo rodean a nivel social y que dan lugar a una visión escasa y deformada sobre el suicidio y las conductas suicidas. La vergüenza y ocultación siguen dominando la estrategia.

Hoy nos enfrentamos a la desmitificación de 7 ideas de lo más comunes y erróneas sobre el suicidio. Seguro que alguna vez por desconocimiento y vehemencia tú también has pensado de alguna de estas maneras.

Veamos qué hay detrás realmente…

El que lo dice no lo hace...

NO ES CIERTO. En ocasiones la persona manifiesta su desesperación antes de la realización de la conducta suicida intentando recibir ayuda o simplemente ventilando emocionalmente la profunda carga de dolor que puede estar sosteniendo sobre sus hombros.

No hay una relación entre los avisos y la lejanía real de la ejecución de la conducta de hacerse daño. Todo forma parte de un momento de sufrimiento muy fuerte en el que la persona actúa como puede desde el dolor…

Es gente «débil».

NO ES CIERTO. Las personas que piensan en suicidarse no son necesariamente personas débiles, solo intentan encontrar el modo de interrumpir la sensación de padecimiento que les acompaña y deforma su manera de pensar y de relacionarse con la vida y con los demás.

La desesperación es una condición tan insoportable, que cualquier salida que haga que pare puede resultar atractiva. ¿Nunca has pensado en “cortarte la cabeza” cuando te duele mucho?

Ya pasará.

A VECES NO, NO PASA. Cuando se gestan pensamientos sobre el suicidio a un nivel en el que ya no solo son ideas pasajeras o puntuales si no que comienzan a coger forma, a resultar demasiado atractivas, a requerir mucho tiempo de pensamiento, a ser planificadas…no siempre se pasan sin más. Se aprende a pensar en ellas y pueden llegar para quedarse. En ese caso, acudir a recursos terapéuticos y psiquiátricos que acompañen el proceso de alejamiento o sustitución de esas ideas resulta imprescindible. No siempre se van con la resolución de la problemática que las trajo, en ocasiones se instalan como verdaderos virus en el sistema operativo de la persona…

Son llamadas de atención…

DEMASIADO SIMPLE. ¿Sabías que al igual que muchas personas tienen momentos previos de desesperación y petición de ayuda, otras pasan rápido a la fase de planificación y despedida y nadie se entera de sus verdaderas intenciones?

Cuidado, hay personas que cuidan con recelo que nada de lo que les ocurre trascienda por lo que la idea de que buscan llamar la atención no se suele ajustar al esquema real de lo que está ocurriendo…

No piensan en los demás.

ES AL REVÉS. Cuando el nivel de dolor es máximo, se pierde la conexión con la vida y con las otras personas. No se puede pensar en otra cosa que en intentar dejar de sentir eso tan horrible que vive en su interior.

Sería un grave error pensar en este esquema de ideas como algo fruto del egoísmo, no se trata de eso si no de sufrimiento, y en ocasiones la culpa que se siente al pensar en los otros precisamente agrava esa situación reforzando  la angustia en vez de funcionar como elemento que les enganche a la vida…Lo estamos pensando al revés de como es.

No se suicida tanta gente...

ERROR. La realidad del suicidio está muy silenciada socialmente por el pudor, la vergüenza, la culpa… de las personas y familias que lo sufren de cerca. A nivel de respuesta social y cultural también se silencia por miedo a generar un efecto contagio en otras personas. Así que estamos muy lejos de acercarnos a pensar bajo los números reales de suicidio en todo el mundo…

«Se le veía muy feliz».

DISONANCIA. ¿Cómo puede ser que una persona que se haya quitado la vida estuviera ayer riéndose con sus amigos o en una reunión familiar…?

En ocasiones, el mundo interno y externo de las personas no tiene mucho que ver. Los comportamientos sociales o las conductas que se ven, no siempre son un reflejo de lo que ocurre dentro de alguien. Por lo que sí que pueden ocurrir esas discrepancias que a la gente le hacen alejarse de entender el problema por quedarse en la parte superficial de operar solo con lo que se ve.

Además a veces, cuando la persona toma la decisión de suicidarse, encuentra un alivio inmediato que le permite relajarse, ya tiene solución a su dolor y paradójicamente es justo cuando alcanza un momento de descanso y paz consigo…

¿Te has reconocido en alguna de estas ideas casi automáticas que muchos pensamos antes de conocer la realidad del suicidio? Paso a paso conocemos al humano suficiente como para pasar por encima de las ideas preconcebidas… Sigue el blog para continuar el camino del entendimiento.

Alba Calleja. Psicóloga.
635.961.102
albacallejapsicologa.com

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *