La cultura de lo inmediato.
Querer tenerlo todo y ya, maleduca significativamente a nuestra mente. Acostumbra al cerebro a demandar la presencia de estímulos con demasiada frecuencia y disminuye la tolerancia a la espera, manteniéndonos al fin y al cabo muchos mas minutos de nuestro día vinculados a la sensación de malestar, nerviosismo y sobreestimulación que a la de bienestar, que apenas dura y cuyo paso no permanece en el recuerdo. El “lo quieres lo tienes” hace daño a unos cerebros fatigados ya de tanto desear.
Así que ojo con disfrutar demasiado del click fácil, con las compras online, con los pedidos a casa, con las búsquedas compulsivas en la red de aquello que nos dé subidón tener, las series y películas consumidas impulsivamente, los atracones de relaciones humanas…
Creer que podemos tenerlo todo, la posibilidad de conseguir la felicidad a golpe de pedido, nos hace creer que merece la pena una realidad diaria con poca calidad de vida, con sensación de agotamiento permanente, con poca disposición de nuestro tiempo, con poco cuidado de los básicos como la alimentación y el sueño (que veremos en los siguientes puntos) … parece que todo se neutraliza con un buen click anestesiante. Revisa tu uso de ello…
La ambición.
Las personas se encuentran mal en su día a día, y sin embargo muchos sienten que están haciendo todo lo que deberían para “ser felices”, el nivel de sacrificio no se ve compensado con un bienestar de vuelta, porque no estamos apostando por lo que impacta realmente en nuestra manera de vivir, si no en la ilusión de ambicionar objetivos inalcanzables que nos hacen creer alcanzables, algo así como el burrito que persigue una zanahoria atada a un palo… eso nos desesperanza, nos agota (porque caminar caminamos…) nos frustra, nos hace bajar en interés, rendimiento y compromiso, porque no se termina de ver una conexión entre el esfuerzo con la calidad de vida…
Además, la sensación de fracaso por no alcanzar los umbrales de logro con los que nos bombardean como referente, nos aparta del verdadero equilibrio interno que a menudo no se alcanza con lo que vemos en otros si no con el estudio de nuestras propias necesidades, a veces particulares, diferentes y desde luego mucho más sencillas de lo que esperamos… el dinero, el éxito, lo material y la admiración de los otros, no siempre resulta ser el santo grial del bienestar…
El deterioro en las relaciones humanas.
Nos estamos tratando peor. Nos contestamos mal, a diario, desconfiamos del otro y desplazamos nuestras propias emociones negativas a la interacción con las personas. Esto ocurre por el grado de frustración interna que acumula gran parte de la gente y que termina haciendo que nos veamos como enemigos o simplemente que no podamos contener nuestro malestar, saliéndonos por cada poro de la piel. Procura hacer tu parte para frenar el efecto dominó diario en el que caemos: quien nos trata mal, nos arrastra a pagarlo con el siguiente, y el siguiente con el siguiente, y así sucesivamente en una cadena que nos entrena en el arte de tratarnos mal y nos genera una normalización y tolerancia a los malos gestos… vamos, un desastre.
El abandono de los básicos.
Comer y dormir. Los grandes descuidados de nuestro tiempo. En su defecto de nuevo, la inversión puesta en sustitutivos de dudoso efecto. El descanso real sustituido por el cuidado facial, la alimentación sustituida por los suplementos, la paz del día a día sustituida por los grandes viajes, cuidarnos sustituido por medicarnos, pensar sustituido por mirar, conocernos sustituido por exhibirnos… Hacemos valer este sistema de vida que deteriora nuestros básicos con el consumo de elementos compensatorios que lo cubran. No vale. Una copia nunca competirá con un original y “parecido no es igual” … Cuidemos nuestra manera de vivir.
Los malos hábitos pueden tener un impacto significativo en nuestra calidad de vida. Desde una mala alimentación y falta de ejercicio hasta el tabaquismo y el consumo excesivo de alcohol, estos comportamientos pueden contribuir a problemas de salud física y mental, así como a una menor productividad y bienestar general. Identificar y cambiar estos hábitos negativos puede ser desafiante, pero es esencial para mejorar nuestra salud y felicidad a largo plazo. Adoptar hábitos saludables y eliminar los nocivos puede transformar positivamente nuestra forma de vivir.