10 claves de por qué ahora todos nos tratamos peor.

En los últimos tiempos, y de una forma progresivamente imparable, hemos visto empeorar el trato entre la gente. Asistimos a un deterioro innegable en las relaciones humanas. Nos implicamos menos, somos más pasivo-agresivos con el otro, hemos perdido la paciencia y se han volcado los malestares propios en la relación con el de enfrente. Últimamente nos tratamos peor.

Las reglas de las relaciones humanas fluctúan con los tiempos y quedan sujetas a ciertos cambios sociales que modifican las bases de su uso. El tipo de saludo, el tono de la interacción, la cercanía… cambia siempre según la época.

Vamos a intentar analizar algunas de las variables que han participado últimamente en este deterioro y que nos llevan a querer salir de casa «con casco«.

1. La competitividad.

Muchas conversaciones entre personas se están convirtiendo en una verdadera competición para mostrar éxito, felicidad, capacidad adquisitiva y perfección en sus vidas. Queremos ganar porque en esta época ese objetivo ha pasado por delante de cualquier otro en un sistema social que fomenta querer tener y premia quedar por encima.

Cuidado, no podemos perder el trato equilibrado y la simetría en las relaciones. No somos enemigos y no debemos vivir para ganar al de al lado.

2. La prisa.

Hay una pérdida de la espontaneidad y disfrute vinculada a la gestión del tiempo. Funcionamos midiendo cada minuto, intentando optimizar cada movimiento y perdemos tolerancia hacia lo que no es directamente funcional o efectivo. Sin embargo, las relaciones entre personas se rigen naturalmente con otras reglas, te llevan a situaciones en las que el tiempo ha de ser sometido al momento y al disfrute y en las que no se puede controlar todo.

Nos está costando mucho no perder la tranquilidad de la charla por la prisa hacia llegar a la siguiente tarea…

3. El auge del individualismo.

La construcción vital basada en el yo, la autoprotección y el individualismo, participan sin duda en este cóctel de empeoramiento general en el trato. Se da una pérdida de referencia del yo como parte de un todo social que nos hace creernos piezas sueltas, que no pertenecen al grupo o se aíslan del mismo a consecuencia del deterioro en las relaciones y provocando que estas sigan empeorando.

Es un círculo vicioso que nos está volviendo más solitarios.

4. La cosificación de la relación humana.

Cada vez está siendo más frecuente entender las relaciones sociales solo como un medio para lograr un fin. Al funcionar casi siempre por objetivos, con prisa y buscando la efectividad de cada movimiento, era evidente que las relaciones entre personas se volvieran una pieza más del puzzle entendiéndose ahora solamente como una pasarela para conseguir otras cosas y cosificándose el porqué de cada encuentro con alguien…

5. La pérdida de empatía.

Hemos desarrollado un alto nivel de tolerancia al malestar ajeno. Tan frecuentes las malas contestaciones, el desdén y tan bombardeados con noticias desagradables o situaciones ajenas que van en la misma dirección, el cerebro termina por desarrollar una adaptación y normalización hacia el trato negativo, una especie de efecto contagio y difusión de la responsabilidad que nos vuelve peores porque lo hace todo el mundo y nos coloca de nuevo en el individualismo más extremo en el que el bienestar ajeno está claramente sometido al propio.

6. Desconfianza.

Ahora desconfiamos del otro. Quizá porque de forma más o menos consciente todos sabemos que estos cambios llevan tiempo dándose y que relajarse en el trato empieza a sentirse peligroso. Ver los movimientos de los otros desde la suspicacia, la sospecha y el recelo no ayuda demasiado a recuperar el buen trato. «Éste qué querrá...«

7. Malestares internos.

Estrés, ansiedad, depresión , angustia… son tiempos complejos a nivel emocional y a muchas personas no les gusta la vida que llevan. Las propias guerras que cada uno libra en su interior, modifican su capacidad para relacionarse. Algunas personas vuelcan sus frustraciones en el otro reflejando ese trato hacia los demás sus propias guerras sin ganar…

Se da además un efecto exponencial que también nos vuelve parte del juego cuando, al tratarnos alguien mal, se genera un malestar dentro de nosotros que hace que en la siguiente interacción seamos un poco peores con el otro y este con los siguientes…

8. Conciencia de imagen.

Estamos demasiado atentos a la imagen que damos, hoy por hoy existe a veces cierto miedo a mostrarnos débiles y no como el triunfador que debemos ser. Esa conciencia de imagen bloquea la naturalidad del trato entre las personas y desde luego nos aleja de disfrutar de relacionarnos sin miedo al juicio externo, o al juicio interno que nos hacemos a través de los demás…

9. Demasiados estímulos.

Demasiados frentes que atender en nuestra vida y poco tiempo para conversar, para cultivar el placer por la compañía del otro. Demasiadas opciones vitales como para abarcarlas todas y disfrutar alguna. Cerebros agotados de trabajar y deteriorados de dar y recibir un trato negativo a diario. Nos tratamos peor también porque estamos saturados.

10. Agotamiento.

La gente está cansada, y cuando alguien está cansado lo hace todo peor, con menos interés y realmente menos capacidad. El ritmo actual y tener que abarcar y mantener cuidados y resueltas todas las variables que hoy por hoy componen nuestra vida, nos deja pocos recursos para corregir y cuidar la relación humana. Aun con todo debemos reservar un cartucho para volver a tratarnos bien.

Alba Calleja. Psicólga.

635961102

albacallejapsicologa.com

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